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Juventud Rural y Empleo Decente en América Latina

Unos 30,9 millones de jóvenes de entre 15 y 29 años viven actualmente en las zonas rurales de América Latina, representando el 25,3% de la población rural total y un 19,6% del total de jóvenes. Las cifras sobre su inserción laboral son claras. Los inactivos son los más numerosos; son sobre todo mujeres. En segundo lugar están los que trabajan en la agricultura, la mayoría hombres y asalariados y, con solo unos pocos puntos porcentuales menos, están los que trabajan en una amplia gama de subsectores no agrícolas, gran parte de los cuales como asalariados. No obstante, cuando se revisan los (pocos) programas hacia la juventud rural y las demandas de los (pocos) grupos de jóvenes rurales, el acento está en el trabajo por cuenta propia, esencialmente en la agricultura (ligado a una demanda por tierras) y en los emprendimientos (micro)empresariales no agrícolas, esencialmente ligados a la transformación y comercialización agrícola o al turismo.Después de un marco introductorio sobre juventud rural y empleo decente, se analizan las cifras de la inserción laboral de los jóvenes rurales en comparación con los mayores de 30 años. Se continúa con una serie de reflexiones y recomendaciones para la acción. El documento hace un esfuerzo de adaptación de los conceptos de “empleo decente” a otras categorías ocupacionales que los asalariados. También incluye un cuadro regional y por países sobre “Empleo decente insatisfecho” (EDI). Varios de los indicadores están “insatisfechos” para 80%, 90% o más de la población rural o agrícola, ocupada o asalariada, según el caso. Esto es “impresentable” ya bien entrados en el Siglo XXI, en una región considerada de ingresos medios.Sin dudas hay una alta proporción de jóvenes rurales que trabajan en condiciones aún peores que sus mayores. Por otro lado, por la creciente incidencia entre los jóvenes rurales del empleo asalariado formal, parte de los jóvenes tiene una mayor cobertura social, mayores ingresos y, en general, mejores condiciones laborales que el grueso del resto de la población rural.Relacionado con lo anterior -y contrariamente a la tendencia de las últimas décadas hacia una precarización del empleo juvenil urbano-, para el conjunto de las zonas rurales de la región se nota una decidida mejora del empleo rural juvenil, explicada por la fuerte disminución del empleo infantil (que, no obstante, representa un 60% del empleo infantil reportado a nivel nacional), los ya mencionados efectos del aumento del empleo asalariado formal, y la disminución entre los jóvenes de categorías de empleo altamente informales como los asalariados agrícolas y los familiares no remunerados.